Cuida tu salud evitando la aparición de grasa visceral

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La grasa corporal, contrariamente a lo que se nos ha hecho creer durante mucho tiempo en muchos medios de comunicación, no solo no es perjudicial, sino que es necesaria. Concretamente, la grasa subcutánea, la que se encuentra bajo la piel, protege nuestro cuerpo de golpes y traumatismos leves, produciendo además la hormona adiponectina que juega un importante papel en la metabolización de la glucosa y los ácidos grasos del organismo. Además, según varios estudios, esta hormona produce un aumento de la sensibilidad de nuestro cuerpo a la insulina.

El problema surge cuando esta grasa subcutánea aumenta hasta niveles poco recomendables. Paradójicamente ello provoca que la producción de la adiponectina disminuya, lo que se traduce muchas veces en la aparición de enfermedades coronarias y diabetes por resistencia a la insulina, el efecto contrario al que produce en niveles normales.

La grasa subcutánea puede acumularse en multitud de zonas del cuerpo, y probablemente la más peligrosa de ellas es alrededor de los órganos, dando lugar a la llamada grasa visceral. Como su propio nombre indica, este tejido adiposo rodea nuestras vísceras y, a diferencia de la grasa subcutánea de otras partes del cuerpo, no pude palparse con las manos, por lo que a priori su diagnóstico a simple vista podría parecer más complicado. No obstante, hay un factor que puede llevarnos a pensar que podemos tener un alto porcentaje de grasa visceral, y es el hecho de presentar un abdomen voluminoso.

Esto es más habitual entre el sexo masculino, y es la zona en la que primero se aprecia que un hombre ha engordado. Si nuestro abdomen ha crecido de forma notable presentando un aspecto abultado, es casi seguro que nuestro índice de grasa visceral habrá aumentado con él.

Por eso, ante un aumento considerable del perímetro de nuestra cintura, lo más aconsejable es acudir al médico para que realice un diagnóstico adecuado. Si la conclusión es que tenemos acumulada grasa visceral, el siguiente paso es eliminar la grasa subcutánea y la grasa visceral empezando a cuidar nuestra alimentación y haciendo deporte. Puedes encontrar información sobre ejercicios específicos para este fin en webs especializadas, como Deporte Saludable. Solo así conseguiremos reducir la primera y eliminar la segunda si somos constantes.

La grasa visceral puede traer consecuencias muy negativas  para nuestra salud, como por ejemplo el síndrome metabólico –la resistencia a la insulina que te comentábamos–, problemas respiratorios como la apnea del sueño, el desarrollo de diabetes de tipo 2, infartos de miocardio, colitis y otros problemas del aparato digestivo, de ahí la importancia de ponerse en marcha cuanto antes para eliminarla.

Pero como la mejor herramienta en estos casos es siempre prevenir, te recomendamos que si no lo has hecho ya comiences a llevar una vida saludable desde este momento. Así evitarás la acumulación en exceso de la grasa subcutánea y la aparición de grasa visceral, que es sin duda la más peligrosa de las dos.

Así que consulta con tu médico cuáles son las pautas de alimentación y ejercicio físico más recomendables para tu caso particular, y mantén tus niveles de grasa corporal en sus niveles adecuados.

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